Alguns Esboços... [Assaigos sociologics de Julio Souto]

Ante Escila y Caribdis

Reflexiones tras la lectura de

El Oficio de la Reflexividad

J. M. Rodríguez

«Desde el buque jamás el más fuerte mancebo podría,

disparando su arco, llegar al final de la cueva.

Vive Escila en la gruta y aúlla de forma terrible,

y posee ella la voz de una perra recién alumbrada;

es un monstruo perverso, y no hay nadie capaz de alegrarse

si la ve, ni aunque fuera éste un dios, si con ella se hallara;

y posee doce patas su cuerpo y las doce deformes,

y seis cuellos larguísimos con sus horribles cabezas,

y sus bocas poseen tres hileras de múltiples dientes

apretados y firmes y llenos de muerte muy negra.

Medio cuerpo se encuentra sumido en la cueva, proyecta

sus cabezas por fuera de aquel precipicio espantoso;

desde allí y observando el escollo se lanza a la pesca

de delfines y perros marinos y aun monstruos más grandes

que en gran número cría en el mar la gimiente Anfitrita.

Por allí no pasó embarcación cuyos hombres gloriáranse

de pasarla sin daño, pues cada cabeza se lleva

sendos hombres de cada navío de proa azulada.

Ya verás, Odiseo, que es más bajo el escollo segundo;

mas los dos están cerca, se encuentran a un tiro de flecha.

Hay allí un cabrahígo en la cumbre, muy grande y frondoso;

la divina Caribdis, al pie, bebe el agua sombría.

La vomita tres veces al día y la traga tres veces

con un ruido espantoso. No estés allí cuando la trague,

pues ni Aquel que sacude la tierra podría salvarte.

Debes, por el contrario, acercarte al escollo de Escila

y dar rumbo veloz a tu nave, porque es preferible

que lamentes perder a seis hombres y no a todos ellos. »

Homero, Odisea, canto XII: “Escila y Caribdis”, p.192-193

Comencé el Autoanàlisi d’un estudiant, el primer trabajo realizado en el marco de este curso, con una cita del Ulises de Joyce, concretamente del capítulo que representa el paso entre Escila y Caribdis. En los siguientes textos intentaré explicar la elección de estas líneas, al mismo tiempo que seguiré analógicamente este esquema para ilustrar como, a mi modo de ver, se presenta el espacio de posibles paradigmático para un estudiante hoy, y para el colectivo sociológico en general.

Escila y Caribdis, en la Odisea homérica, es el estrecho paso que el barco de Ulises debe atravesar en su camino hacia Itaca y, más allá, hacia Penélope y, más allá, hacia la muerte en paz con Poseidón[1]. Si comparamos este pasaje con el modelo dialéctico hegeliano, Escila y Caribdis representan los opuestos que deben ser superados, una tesis y una antítesis por los que hemos de pasar en el camino hacia la síntesis. Pero, si en la Odisea es Ulises el que viaja, el que atraviesa el paso para llegar a su destino, ¿por qué Joyce destaca a Stephen Dedalus en este capítulo, mientras que Leopold Bloom queda en un segundo plano, consultando unos archivos en el fondo de la misma biblioteca donde batalla Stephen?

Stephen, ya desde El retrato del artista adolescente, es Telémaco, el joven que lucha por salir de la infancia y constituirse en un agente autónomo en el Ágora itaciense, o en su caso, en el triste campo literario del Dublín de principios del siglo XX. Así, Joyce comprende que la lucha por la consagración, la verdadera lucha que el mismo está emprendiendo, debe ser asumida por Stephen, Telémaco. Pero ésta nunca es una emancipación narcisista, cuya finalidad termina en el agente que la lleva a cabo. La reivindicación propia de Telémaco en el consejo itaciense se realiza en un contexto muy concreto, con un fin muy concreto: enfrentarse a los pretendientes y salvar a su padre, Ulises, símbolo clásico del hombre y de la humanidad, el ente que le dio la vida y su linaje, fundamento de su identidad y su existencia. Ulises es a la vez la finalidad y la condición de posibilidad de la emancipación de Telémaco. Por eso Joyce utiliza a Stephen en este capítulo, haciéndolo debatir en la biblioteca con dos estúpidos críticos literarios, y el tema del debate (Shakespeare, la literatura) es al mismo tiempo la finalidad y la condición que hará posible la emancipación y la constitución autónoma. Por eso el apellido de Stephen: Dédalo, el arquitecto artista de la realidad, el constructor del laberinto al que se debe la fusión del artificio y la experiencia, el arte y la vida.

De igual forma, el estudiante de sociología que quiere constituirse en agente autónomo en el campo científico, utilizará como recurso la misma finalidad que hizo que iniciara el viaje: la praxis de la ciencia social como medio para conocer y trasformar la realidad. El profesor J. M. Rodríguez recordaba en sus clases como “dejó de ser joven estudiando a la juventud”. Esto sería una buena ilustración para lo que intento exponer.

Pero no quería utilizar de nuevo la imagen de Escila y Caribdis para volver a referirme al investigador individual en construcción. Esto ya lo hice en otro texto. A lo largo de este texto y el siguiente, teniendo en cuenta lo leído en El oficio de la reflexividad, especialmente los conceptos de “doble ruptura” de Sousa Santos, e “intelectual colectivo” de Bourdieu, intentaré contemplar las condiciones de posibilidad y los procesos constituyentes que habrían de dar lugar a esta red social de conocimiento crítico. El fin último de este colectivo, que es al mismo tiempo la única posibilidad de su existencia, es la trasformación de la ciencia y la trasformación del sentido común, las principales formas de conocimiento de nuestra sociedad compleja. Escila y Caribdis se presentarán como la transición paradigmática, como un paso trágico que se ha de franquear antes de llegar (mal y tarde) a la anhelada Itaca.

La idea de utilizar este pasaje homérico surge tras la lectura de Ideología y Utopía, de Karl Mannheim. El concepto de Utopía en Mannheim está relacionado con sus ideas respecto a la epistemología y la sociología del conocimiento, que en el esquema de las tres inflexiones epistemológicas, podríamos ubicar en la primera ruptura, el conocimiento científico construido contra el sentido común.

En su análisis general de la ideología, reconocía ésta como una «visión engañosa de la realidad, producida por la conciencia y los intereses de clase, que modifica la visión de la realidad.» Con esta definición abstracta, el concepto de “ideología” puede también ser aplicable a las ideologías de las clases menos favorecidas (como el marxismo revolucionario), que en este caso, mediante su visión modificada de la realidad, pretenden satisfacer sus intereses: modificar el statu quo social. Para establecer esta distinción según la cual, tanto las ideologías como las utopías, representan una cosmovisión errónea o falseada por los intereses de clase, Mannheim acuño el término de perspectivas, para referirse globalmente a estas cosmovisiones. En conclusión, tanto las Ideologías como las Utopías son perspectivas erróneas: son Escila y Caribdis y deben ser evitadas, sino, el barco científico naufragará irremisiblemente.

Ante este conflicto epistemológico, según el cual nos sería imposible acceder realmente a la verdad sobre la realidad social sin que nuestros intereses de clase contaminasen nuestro estudio, Mannheim introduce el concepto de la Inteligentsia desclasada y libre. Con este término se refiere al colectivo de intelectuales “puros”, sujeto de la conciencia verdadera, es decir, el saber objetivo no influido por ideologías de ningún tipo. La inteligentsia desclasada y libre sería para Mannheim Itaca, la posibilidad de residir en la verdad.

Desde nuestro punto de vista, una vez superada la primera ruptura epistemológica, sabemos lo que de ilusorio tiene todo esto. Mannheim mantiene la imagen de separación entre Sujeto – Objeto, y esto le permite seguir soñando con un conocimiento ilimitado de la realidad social, de una verdad absoluta alcanzable y un error minimizable hasta la desaparición. Hoy sabemos que el sujeto de conocimiento social es reflexivo y relativo, y al tomar consciencia de esta paradoja podemos empezar a escrutar el mundo, siempre sabiendo que nunca lograremos la verdad absoluta. Siguiendo con la advertencia de Circe sobre este terrible paso, en respuesta a Ulises cuando pregunta:

» – Dime, ¡oh Diosa!, con toda franqueza si por algún medio

Me concede el destino escapar de la adversa Caribdis,

Cómo rechazaré, cuando ataque a mis hombres, a Escila.

»Dije, y acto seguido repuso la diosa entre diosas:

» – ¡Infeliz! Sólo piensas en luchas y riesgos de guerra.

¿Es que no has de ceder ni aun delante de dioses eternos?

Ella no tiene muerte; es un mal que morir no podría,

Espantable y terrible, es un monstruo al que nadie domina;»

Homero, Odisea, C. XII, p. 193

Nos parece que Mannheim, teniendo muy en cuenta el esquema dialéctico y el mito de Escila y Caribdis, quiso hacer pasar por superación lo que en realidad sólo era inmovilismo. Aferrándose al paradigma positivista como tabla de salvación, quiso despojar al colectivo científico de todo interés de clase y así, todo lo que de ellos emanara no sería más ideología ni utopía: sería Verdad. Este movimiento por el que se quiere hacer pasar una tesis inicial por la síntesis, que ha integrado y trascendido su antítesis, es más frecuente de lo que parece ¿Acaso no nos recuerda esto a la 3ª  vía, de A. Giddens y Tony Blair, supuestamente más allá de izquierdas y derechas?

Después de pensar esto, hemos querido revisar de nuevo el pasaje clásico de la epopeya homérica, para después repensar la situación del científico social ahora que ha de enfrentarse irreversiblemente a un cambio de paradigma. Hoy, la crisis epistemológica del paradigma dominante es un hecho unánimemente aceptado, no sólo en las ciencias sociales sino en las ciencias en general. En consecuencia, la posibilidad de emergencia de un nuevo paradigma, con la constitución de una tercera ruptura epistemológica, se presenta como una fascinante situación completamente nueva, ante la que los agentes científicos deben posicionarse y determinar la actitud que seguirán. Por ello, y a modo de guía en un tiempo en que nada parece cierto ni fiable, volvemos a la Odisea e interpretamos dialógicamente el pasaje de Escila y Caribdis.

Hemos visto como, en una maniobra de simplificación y banalización, Escila y Caribdis son normalmente presentados como dos polos simétricos de destrucción, dos polos que hay que evitar por completo (siguiendo la máxima platónica que dice que en el medio está la virtud) navegando estrictamente por la línea recta equidistante, la que lleva sin peligro a la salvación en la inteligentsia pura y la tercera vía.

Releemos el pasaje. Escila y Caribdis no son iguales, tienen características propias que las hacen distintas. Además, el paso a salvo por el centro equidistante (la neutralidad) es imposible. Sabemos, también, que perderemos hombres en el paso: podemos elegir entre Caribdis, que traga el mar y lo destruye todo; y Escila, el monstruo de seis cabezas que atacará la borda y se llevará a algunos de nuestros mejores hombres.

Pensemos en Caribdis. Es un agujero que absorbe el mar, allí nos llevará la corriente si no hacemos nada por evitarlo, allí se acabará la nave.

Si la sociología no afronta con decisión la crisis del paradigma dominante, asume que la verdad objetiva, neutral y absoluta sobre la realidad social, no sólo no podrá ser alcanzada sino que dudosamente existe, la ciencia social acabará en Caribdis. En El oficio de la reflexividad se hacía referencia a una distinción del investigador social en función de su posición respecto el orden social (Ibáñez, 1991): la posición de la pregunta y la posición de la respuesta. Siguiendo este esquema, caracterizaríamos esta opción como la “posición de la respuesta”, una posición irreflexiva dominada por la ley del Orden Social (información-arriba / neguentropía-abajo, o en todo caso, viceversa). La práctica científica de esta opción simplemente viene a dar sentido a un orden social preexistente, función normalmente ejercida por el “sentido común”. Para ello, el paradigma de la ciencia moderna (paradigma en crisis) resultaba tremendamente útil. Pero como decíamos más arriba, la crisis del paradigma es un hecho casi unánimemente reconocido. Así, es una actitud frecuente en el ámbito académico reconocer este hecho “de puertas adentro”, pues negarlo sería condenarse al menosprecio de la comunidad[2]. Al mismo tiempo que esto se hace, “de puertas afuera” se actúa como si la posición privilegiada del científico siguiera teniendo fundamento racional (verdad intrínseca de la ciencia). Las posiciones paradigmáticas dominantes siguen ejerciendo esta práctica: principalmente las diversas formas de constructivismo racionalista, que postulan la unidad epistemológica de las ciencias internamente diversificada; es decir, con matices para el “objeto característico” de las ciencias sociales que pueden ser solventadas con especial atención a la reflexividad. Por ejemplo, la doble hermenéutica de Giddens, que proporciona una nueva regla para el método sociológico. Así, es posible seguir reivindicando el estatus científico como ostentador de la Verdad (verdad social de la ciencia).

En una conferencia del III Seminario de Sociología Crítica “Jesús Ibáñez”[3], el sociólogo Alberto Moncada narraba, a modo de anécdota graciosa, “el día que se vendió”. Contaba Moncada como una empresa de cosméticos le ofreció una interesante suma de dinero a cambio de publicar un artículo “científico” en el que se explicasen las nuevas tendencias estéticas masculinas, que ampliaban el sector comercial cosmético hacia el género hasta ahora desaprovechado. La intención de reflexividad de este artículo era evidente, y su potencia se basaba casi estrictamente en el estatus “objetivo, desinteresado, y sincero” del científico social.

Decíamos que generalizar esta actitud de sumisión frente a las leyes del mercado llevará necesariamente a Caribdis, a la destrucción total del campo científico social como elemento autónomo de reflexión. Y esto no sólo se debe al conflicto ético que supone la prostitución del estatuto científico, se debe simplemente a la reflexividad del mundo social. Si nos limitamos a hacer ideología, y además lo hacemos conscientemente, perderemos el estatus científico que nos diferenciaba y era razón de nuestra existencia. Esto es, la verdad social (en base a los resultados satisfactorios para las prácticas sociales) que la ciencia social ostentaba a duras penas, se verá de tal manera erosionada que acabará desapareciendo. Poco tardará la comunidad general de consumidores en darse cuenta de que el sociólogo no tiene más verdad (racionalmente fundamentada) que un propagandista, puesto que realmente no la tiene. Que alguien firme un artículo como “catedrático de sociología” no tendrá valor en el mercado. Nos limitaremos a hacer propaganda sin verdad científica, y en este campo sí que estamos destinados a perecer: la competencia de agentes especializados, como publicistas, periodistas, escritores y productores de los medios de comunicación de masas… todos ellos cuentan con unos recursos propios de cara a la competencia en el campo propagandístico que el sociólogo no ha desarrollado, puesto que nunca le habían interesado. Un proceso similar seguirá el sociólogo tecnólogo que esperaba dedicarse a los estudios de mercado: su campo será invadido por otros especialistas más concretos, más eficaces y rentables, puesto que no pierden tiempo formativo con el estudio de teorías clásicas o reflexiones epistémicas (publicistas, especialistas de marketing…). El sociólogo se verá incompetente en un campo que no es el suyo, y se sentirá impotente al tratar de recomponer su maltrecho estatuto científico, pues, como hemos aprendido, la historia es un proceso irreversible.

Esto es Caribdis: el hieratismo paradigmático que lleva a la incompetencia, la sumisión exacerbada a las instituciones de producción y apropiación de la “verdad” científica, la objetivación y objetización del conocimiento hasta que el sujeto que lo produce se torna innecesario, sobra. Caribdis, el agujero que lo absorbe todo y hace desaparecer la nave, sin supervivientes.

Pensemos en Escila. Es un monstruo de seis cabezas que son lanzadas sobre cubierta, devorando hombres a diestro y siniestro. No es un paso agradable, desde luego, pero Circe nos ha advertido que no hay más solución que ésta. El medio virtuoso indemne no existe como opción, rebelarse contra Escila de nada servirá: hemos de pasar por Escila y enfrentarnos a ella para perder lo menos posible, aun a sabiendas de que se llevará a algunos de los más valiosos compañeros.

Como hemos aprendido leyendo a Sousa Santos, la crisis del paradigma dominante es totalmente irreversible. Responde a condiciones teóricas y sociales que quedan fuera de nuestro control. En este contexto de transición y revolución científica, sólo podemos especular sobre el paradigma emergente, y posicionarnos de forma que el científico-social pueda, no sólo sobrevivir, sino tornarse un elemento fundamental en la articulación del nuevo paradigma científico, un elemento privilegiado para la relación entre el cuerpo social y su auto-conocimiento. Pero al igual que el paso por Escila, esta trasformación tendrá unos costes, costes que tendremos que asumir si no queremos vernos absorbidos por Caribdis. El primero y más fundamental: la pérdida de la Verdad como el anhelo puro hacia el que dirigirse, esto es, la pérdida de vista – tal vez sólo momentáneamente – de Itaca, de Penélope, de la Paz con Poseidón.

A continuación pretendía continuar hablando de la situación de la ciencia social tras la crisis del paradigma dominante, y junto a Sousa Santos, especular sobre el paradigma emergente. Pero hemos excedido el margen de extensión que estaba previsto para este trabajo[4]. Continuaremos abordando este tema tras la lectura del Discurs sobre les ciències. Introducció a una ciència posmoderna. Para continuar con la analogía entre la situación paradigmática en las ciencias (crisis y nuevo paradigma emergente) y los pasajes de Homero y Joyce, he pensado titular el siguiente ensayo Tornar a albirar Itaca: una nova concepció de la veritat científica.

REFERÈNCIES BIBLIOGRÀFIQUES

BOURDIEU, P. Esbós d’autoanàlisi. València, PUV, 2008

HOMERO, Odisea, Planeta, 8ª ed. Barcelona, 1993.

IBÁÑEZ, El regreso del sujeto, Amerinda, Chile, 1991.

JOYCE, J., Ulises, Planeta, Barcelona, 1996.

RODRÍGUEZ VICTORIANO, J. M., “El oficio de la reflexividad : Notas en torno a Pierre Bourdieu y la tradición cualitativa en la sociología crítica española”. En: ALONSO, L. E.; MARTÍN CRIADO, E.; MORENO PESTAÑA, J. L. (eds.) (2004): Pierre Bourdieu: las herramientas del sociólogo. Madrid: Fundamentos, pp. 299-316.

MANNHEIM, K, Ideología y Utopía, Introducción a la sociología del conocimiento. Aguilar, 2ª ed. Madrid, 1966.

SOUSA SANTOS, B. Un discurs sobre les ciències. Denes, València, 2003


[1] Los comentaristas homéricos ubican el paso de estos dos monstruos míticos en el estrecho de Mesina; el primero en la costa italiana, y el segundo en la gran roca que se alza junto a Mesina.

[2] “les darreres dècades, el “positivisme” es trasformà en un nom lleig que ni els positivistes gosaven usar-lo com a autoreferència. Té raó, per això, Giddens quan, per a donar consistència a la designació, distingeix entre positivisme, filosofia positivista i sociologia positivista (1980: 29)” Sousa Santos, 2003.

[3] III Seminario de Sociología Crítica “Jesús Ibáñez”: Transicions del capitalisme, Crítica i resistències. Facultat de Ciències Socials, Universitat de València, 12 al 16 de novembre de 2007.

[4] Las condiciones epistemológicas de producción de este texto se hayan principalmente determinadas por las exigencias académicas del curso de “Introducción a la epistemología sociológica”. Los efectos que esto tiene sobre el escrito se detallan en Autoanàlisi d’un estudiant, y son, casi en su totalidad, homólogas para este texto y el siguiente (Tornar a albirar Itaca: una nova concepció de la veritat científica).

1 Star2 Stars3 Stars4 Stars5 Stars (No Ratings Yet)
Loading ... Loading ...

Comments



Name (necessari)

Email (necessari)

Web

Speak your mind